Lito Bayardo: un rosarino cantado y olvidado
30 de enero de 2012Rosario, y al decir Rosario pienso en toda una región que tiene a esta ciudad como epicentro, ha sido siempre una fuente inagotable de artistas. En el terreno de la música no es novedad decir que desde allí han surgido y siguen surgiendo grandes talentos.
Sin embargo, y esto lo digo como rosarino, la ciudad no suele tener buena memoria a la hora de recordar a quienes nos han regalado obras maravillosas.
A veces nos dejamos deslumbrar por la novedad, por el último hit, por el corte de difusión del disco nuevo, y nos olvidamos de aquellos que, unos años atrás, hicieron cantar y bailar al país entero.
Pero yo soy de los que piensan que los grandes artistas nunca pasan de moda, y por eso hoy quiero evocar a uno de ellos.
Manuel Juan García Ferrari, nacido aquí a la vuelta, el 3 de marzo de 1905, sería con el tiempo más conocido como Lito Bayardo.
Y fue no sólo un cantor, sino un poeta y compositor sobresaliente.
No tenía estudios musicales, ya que aprendió el oficio “de oído”, como él mismo cuenta: “Me animé a estudiar un instrumento, la guitarra, que comencé a pulsar pero nunca aprendí. Me he guiado por algunos acordes y de mi oído para lograr una guía melódica. Mis primeras composiciones para acompañar mis versos se los cantaba o silbaba a algún músico amigo para que las llevara al pentagrama”.
A Lito Bayardo no le fue esquivo el talento, pero todo lo demás debió ganarlo con gran esfuerzo. Fue el mayor de cinco hermanos y perdió tempranamente a su padre, de manera que debió dejar sus estudios habiendo cursado sólo el cuarto grado de la escuela primaria, para entrar a trabajar en una fábrica de yerba y más tarde en un molino harinero.
Eso no le impidió, sin embargo, llegar a dominar el arte de la poesía y la letrística, con una intuición para lo popular que le permitió llegar con sus canciones al corazón de la gente.
Uno de sus primeros éxitos, en la voz del “Zorzal” Carlos Gardel, fue “Duelo criollo”, aquel tango que musicalizó Juan Rezzano y que después grabarían infinidad de orquestas y cantores:
“Mientras la luna serena
baña con su luz de plata
como un sollozo de pena
se oye cantar su canción;
la canción dulce y sentida
que todo el barrio escuchaba
cuando el silencio reinaba
en el viejo caserón…”
Pero Lito Bayardo tenía otras habilidades, además de la composición, también fue recitador, actor de cine, teatro y radioteatro, conductor de programas radiales y dirigente en la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC), donde desarrolló una intensa tarea durante muchos años.
En su larga vida compartió experiencias con grandes figuras de nuestra música. En primer lugar, con Libertad Lamarque, que vivía en su misma cuadra y durante su breve etapa de estudios lo acompañaba a la escuela todos los días. Pero también, entre muchos otros, fue amigo de Gardel, de Agustín Magaldi, de Celedonio Flores y de Homero Manzi.
Como letrista y compositor su obra es enorme: Rosario de Santa Fe, Duelo criollo y Ah! mi Corrientes porá, por mencionar solo algunas de sus canciones más recordadas, siguen siendo cantadas y grabadas. Bayardo declaraba haber compuesto unas 3.000 canciones, aunque sólo registró 1.020 obras, en las que abordó prácticamente todos los ritmos y todos los géneros.
Esta figura realmente singular, este vecino nuestro llamado Lito Bayardo, escribió además varios libros de poemas y abandonó este mundo el 8 de marzo de 1986, en Buenos Aires, a los 81 años y por decisión propia, suicidándose, abrumado tal vez por las penas y el olvido.
Así se fue ese rosarino ilustre, que amaba el tango por sobre todas las cosas, como lo declaró de puño y letra en unos versos que decían:
“Yo me planto aquí, en la esquina
del barrio de mis recuerdos
como quien espera en copas
la noche del año nuevo.
Me acompaña un bandoneón
de teclado amarillento
porque el tango está en mi sangre
y porque es criollo y es nuestro”.
Lito Bayardo fue uno de nuestros grandes. Y aunque algunos no lo recuerden, no lo olvidaremos nunca.


